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Luis Donaldo Colosio, el alcalde al volante de Monterrey


*El político sube a EL PAÍS a su coche para hablar de sus primeros 100 días en el cargo, del papel de la oposición y del legado que representa el nombre de su padre.


Almudena Barragán/El País

Monterrey, 19 de diciembre de 2021.- Luis Donaldo Colosio Riojas maneja su auto como lleva las riendas del Ayuntamiento de Monterrey. Sin intermediarios, ágil, encarrilado y con los ojos fijos en la carretera. El político nacido en Sonora hace 36 años está a punto de cumplir 100 días como alcalde de la segunda ciudad más importante de México y capital del Estado de Nuevo León, al norte del país.


Tiene una agenda apretada no, apretadísima. Tanto que esta entrevista que iba a realizarse en el Ayuntamiento, acaba haciéndose a bordo de su coche blindado mientras se dirige al festival de Navidad de su hija de seis años, lo único “sagrado” para el alcalde. Su familia.


Es difícil seguirle el paso. Camina rápido por los corredores del Palacio Municipal dentro de unos tenis negros [zapatillas de deporte]. Camisa blanca, pantalón oscuro, peinado con la raya a un lado. Si hace frío, una bomber azul remata el uniforme de alcalde que viste todos los días y que le da un aspecto más de colegial que de político. Es sobrio al vestir y al hablar. Forma parte de la nueva hornada que encarna el relevo generacional de la política mexicana.


Su Jeep todoterreno enfila las calles empedradas del Centro Histórico. “La mayoría de las veces me gusta manejar porque si no, pierdo la realidad con la ciudad”, asegura. “Me gusta padecer el tráfico igual que mi gente. Si paso por algún bache, digo: ‘Pinche alcalde’. Luego me acuerdo que soy yo y me reporto a mí mismo”, bromea y vuelve a ponerse serio: “Lo más peligroso para un servidor público es estar sustraído de la realidad”. Mientras pisa el acelerador, la tarde cae sobre la imponente sierra de Las Mitras y el pesado tráfico de la capital concede una tregua para avanzar de manera fluida.


Quienes conocen al alcalde saben que durante mucho tiempo no quiso saber nada de política. Hijo del candidato del PRI asesinado en 1994, Luis Donaldo Colosio Murrieta, el joven carga con un nombre que en sus propias palabras “pesa en el argot de la política mexicana”. Todos los partidos intentaron reclutarlo en sus filas. Todos. El PAN le ofreció ser candidato a la gubernatura del Estado en las pasadas elecciones y Morena, que se postulara en sus listas para alcalde. Les dijo que no.


“No comulgamos con ciertos sectores que actualmente llevan las riendas de esos partidos”, responde. El PRI también intentó captarlo, pero no sucumbió al canto de las sirenas. “Me ofrecieron ser diputado plurinominal cuando tenía 21 años. Se me hizo una oferta completamente irresponsable y ligada 100% a un morbo político asociado con mi nombre”, dice molesto. Colosio solo mira de reojo mientras lanza esas palabras. “Yo sabía por qué me lo estaban ofreciendo y por eso, decliné”.


Su nombre tiene la fuerza de un talismán. Toda una generación se quedó con hambre y sed de ver a su padre en la silla presidencial. Pese a llevar solo dos meses al frente del Ayuntamiento, una encuesta del diario Reforma lo posicionó hace unas semanas como el candidato opositor con más posibilidades de llegar a la presidencia del país en 2024. Admite que se sorprendió. “Tampoco me voy a distraer de lo que tengo que hacer el día de hoy. Mis aspiraciones son sociales, no políticas”, asegura. “Quizá sea el peor político de México porque soy demasiado transparente para mi propio bien y me concentro únicamente en lo que me toca administrar”, agrega. Sus amigos y compañeros de partido le piden que se involucre más en la política nacional, pero él ha dicho que prefiere “ir paso a paso y no dar brincos”. “Procuro hacerlo, pero no me quita mucho el sueño”, comenta, mientras cambia de carril y busca protegerse del sol que cae a plomo antes del atardecer. Sobre sus aspiraciones políticas, Colosio se siente cómodo en una especie de ambigüedad. Dice que solo piensa en el presente y al mismo tiempo, aunque no lo dice abiertamente, no se descarta.

La leyenda de Luis Donaldo Colosio, el padre, se sostiene sobre la incógnita de qué hubiera pasado si hubiera ganado la presidencia y marca también el tono de cómo las personas hablan de su hijo. “Su padre no era un político profesional, sino de los que aprenden. A Luis Donaldo hijo le pasa algo parecido. Forma parte de esa generación joven que quiere cambiar al país. Es un idealista”, opina Agustín Basave, colaborador y amigo de la familia. “Su paso por la alcaldía es muy importante para definir qué sigue”, opina Martha Tagle, exlegisladora de Movimiento Ciudadano en la Cámara de Diputados. La mitad de su equipo no sobrepasa los 45 años, con perfiles que proceden de los movimientos sociales estudiantiles de hace una década. Lucía Riojas, de 33 años, dejó su diputación federal para sumarse como secretaria del Ayuntamiento. “Es un liderazgo abierto e incluyente”, sostiene Riojas.


“Mi nombre ya no me pertenece, le pertenece a mis dos hijos”, afirma Colosio, en una de las pocas veces que detiene el paso y mira fijamente a su interlocutora. Cuando terminó la carrera de Derecho en el Tecnológico de Monterrey fundó un despacho de abogados con sus socios y no fue hasta hace tres años que dio el paso como diputado local por Movimiento Ciudadano. Piensa rápido, busca ser frontal y admite que es muy terco. Pocas veces se quita la reforma. “Me metí en política por la misma razón por la que en este momento estamos saliendo de la oficina y rompiendo toda la agenda de trabajo: por mis niños”, dice, “todo el trabajo que hago no es para mí”, afirma.


Nuevo León fue uno de los frentes más disputados en las elecciones de este año en México: el tercer Estado más rico del país, con un arraigado espíritu empresarial y un fuerte sentimiento regionalista. En ese escenario, Movimiento Ciudadano fue el ganador inesperado que se aprovechó del hastío de los partidos tradicionales y del Gobierno de López Obrador y se llevó la gubernatura y la presidencia municipal de la capital. Al mismo tiempo que Colosio llegó Samuel García, gobernador del Estado y del que presume ser su amigo, aunque el talante de ambos políticos sea completamente opuesto.


García más desenfadado y Colosio más comedido hacen una dupla que tendrá que enfrentarse a la crisis de inseguridad del Estado, los problemas económicos, la contaminación y la falta de oportunidades, entre otros asuntos. Colosio pone el foco en fortalecer a la policía y atacar la falta de oportunidades. “Tenemos que tener una policía bien equipada, bien pagada, bien cuidada, pero por más profesional que sea, jamás habrá policía que alcance porque la inseguridad es producto de la desesperación de muchísima gente”, comenta. La inseguridad, admite, es uno de los temas que más le preocupa a la gente.


Al llegar a un cruce, el vehículo se detiene y gira a la derecha. Momento perfecto para hablar del papel de la oposición después de tres años de Gobierno de Morena. Hay quienes critican la indefinición política de Movimiento Ciudadano: demasiado conservador para la izquierda y demasiado progresista para los conservadores. Colosio lo ha definido en otras entrevistas como un partido de “socialdemocracia renovada”.


Cree que Movimiento Ciudadano puede ser esa fuerza que aglutine a la oposición de cara a 2024, pero le preocupa la inmadurez de todos los partidos contrarios a Morena y su falta de propuestas. “Cuando se analizan opciones de oposición para la sucesión presidencial, siempre se busca esta alianza total con el único propósito de derrocar al régimen actual”, critica. “Es una postura miope y sumamente irresponsable”, agrega.


“Si algo le ha hecho falta a la oposición es darse cuenta de que pegarle a López Obrador nunca va a ser una estrategia suficientemente buena para posicionarse como alternativa”, comenta Colosio, quien dice haberse cruzado solo un par de veces con el presidente: en un avión y en un elevador. No lo ve como un rival político, pero admite que este Gobierno no es santo de su devoción. “La oposición debe de preocuparse en presentar una alternativa mejor, en congruencia con lo que el país es y necesita”, insiste.


Para el alcalde ya no se trata de colores y afiliaciones políticas. La gente lo que quiere ver son resultados. La mayoría de habitantes de Monterrey prefiere esperar a que el presidente municipal entregue esos resultados para ver si le dan el visto bueno después de la luna de miel de los 100 días. Este es el caso de Francisco Javier Hernández, representante de un grupo de trabajadores de bares y discotecas del centro que se manifiesta junto a otras 150 personas a las puertas del Palacio Municipal para extender los horarios de cierre. “En la pandemia tuvimos que empeñar hasta el refri y ahora no nos dejan trabajar. Aquí hay mucha gente que lo apoyó y ahora queremos que el alcalde nos dé una respuesta”, dice molesto.


La Administración ha establecido los miércoles de Atención Ciudadana, donde el presidente municipal despacha en persona con las personas que así lo deseen. Solo hace falta formarse y esperar varias horas a ser atendido. Este es el caso de Lourdes Guzmán, que lleva desde las cuatro de la mañana para ver al alcalde. Busca financiación para un refugio de mujeres maltratadas en el distrito Alameda. “Con la Administración pasada vine para este trámite cinco veces y nunca me dieron respuesta”, dice Guzmán. “El hecho de que se ponga a escuchar a la gente es un cambio a lo anterior”, dice otro vecino.


Desde Tlaxcala han llegado Francisco y su hermano Adolfo Cuéllar. Dos abogados que han manejado durante 12 horas para conocer a Colosio. Le traen una vasija de cerámica típica de su Estado como regalo. “Quería decirte que en Tlaxcala tienes amigos, que le des pa’ lante”, le dice Cuéllar al alcalde. Este le escucha muy recto con las manos en la espalda. “Con esta trayectoria que lleva yo lo veo como presidente de la República”, dice el abogado.


Los que se acercan quieren una foto con él, estrecharle la mano. Colosio responde chocando el puño debido a la covid-19. Son muchos los que le cuentan dónde estaban aquel fatídico 23 de marzo de 1994 cuando asesinaron a su padre. Profundamente religioso, hace unos meses publicó desde Lomas Taurinas, Tijuana (Baja California), el lugar de la tragedia, un video en el que perdonaba a quienes planearon y acabaron con la vida del político.


El coche frena al llegar a un semáforo en rojo. ¿De verdad uno puede perdonar a los asesinos de su padre?


― Claro, yo lo hice hace muchos años y creo que es momento de que este país haga lo propio. Fue una gran tragedia, pero no podemos vivir por siempre en el rencor. Te envenena el alma. Si queremos realmente prosperar como sociedad, el país debe reconciliarse como nación.


Después de media hora, Colosio busca lugar para estacionarse y responde una última pregunta antes de apagar el motor.


― ¿Qué cree que le diría su padre en estos momentos?

― Cumple tu palabra. Sé feliz. Sé buena persona. El comentario más recurrente y el que me llena de más orgullo es cuando me dicen: “Tu papá fue un buen hombre. Una gran persona”. Eso es lo único que aspiro que le digan a mis hijos: “Tu papá fue un buen hombre”.

― ¿Y su madre qué le diría?

Claramente emocionado responde. “Te dije que no te metieras a la política, pendejo”.


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